Día 27 de viaje. 24 de enero de 2011 – En la Bahía de Halong
Ir a la Bahía de Halong me generaba mucha expectativa aunque no sabía que gran parte de lo que esperaba no se iba a dar dado que esta no era la época del año para visitar la bahía. Hace frío, está nublado, por lo tanto no es la mejor época para visitar playas e islas, pero bueno, estando acá no puedo dejar de ir a la mayor atracción turística de Vietnam, a pesar de todos los comentarios de los que venían de ahí. Salvo este gran detalle, todo lo demás fue perfecto….
Salimos temprano del hostel (el Hanoi Backpackers) junto con 16 compañeros más. Muchos de ellos israelitas muy chillones y protestones. Estaban dando vueltas con unas valijas cambiando de hotel y nos hicieron perder mucho tiempo. Viajamos casi cuatro horas hasta la ciudad de Halong y la verdad que ya cuando llegamos notamos que hacía bastante frío. Algunos se compraron camperas, otros sacamos el abrigo que teníamos guardado en el equipaje. El día anterior había estado el día entero dando vueltas buscando camperas y ahora que la necesitaba no la tenía! En fin, estaba dispuesto a pasar frío en el barco… me lo merecía por indeciso.
Nos embarcamos en una balsa con motor fuera de borda que nos llevó hasta el barco. El barco era lo más parecido a un barco pirata. De madera, con dos pisos, uno para un gran y vistoso comedor y otro para las habitaciones. En la proa estaba la cabina para el capitán y una terraza para admirar el paisaje de Halong. Imaginábamos que en verano la gente seguro dormía allí y se tiraba desde allí al agua, pero ahora claro, con cinco minutos el frío ya era considerable y todos terminábamos adentro tomando té caliente.
Navegamos más o menos una hora y media hasta llegar a unas cavernas en una isla. Realmente un lugar bellísimo, aunque iluminado con unas luces dicroicas horribles, con un sentido estético muy particular. Las rocas y estalactitas estaban iluminadas con luces de color rojo, amarillo, azul…. en fin. Volvimos al barco y ya fue el tiempo del atardecer. Nos dividimos en los cuartos y nos acomodamos. Tenía un poco de miedo a pasar frío durante la noche pero cuando vi la cantidad de frazadas que tenía, sabía que no me iba a tocar. El cuarto lo compartí con un flaco de la república checa. Lo primero que le dije fue que me encanta Praga! (muy cholulo= pero bueno, es mi ciudad preferida en Europa.
Las cuevas de la Bahía de Halong fueron un buen aperitivo. Iluminadas con luces dicroicas de colores, las rocas recrean hermosas formas y son realmente inmensar. Antes del atardecer algunos fueron a andar en kayak por los alrededores de una isla pero yo me quedé charlando con una holandesa. El atardecer fue bellísimo, sobre todo por los barcos que se veían alrededor con sus tradicionales velas que comenzaban de a poco a iluminarse, preparándose para la noche. El cielo de cualquier modo, estaba muy nublado.
Cenamos temprano, a las siete de la tarde, una típica cena vietnamita. Primero sopa de verdura, una enorme fuente de arroz y un poco de pollo con verduras y frutas , la combinación de pollo con Ananá es rica, me sorprendió!. El plato principal fue un gran pescado con verdura que todos compartimos. Cada uno como pudo arrancó su pedazo y luego estaban los palitos para comer pero comer pescado con los típicos palitos chinos (va, palitos vietnamitas) me fue imposible. Usé la cuchara.
Cené con una pareja de profesores franceses ya jubilados que tenían mucha experiencia en viajar por Asia así que me pasaron mucha información. Ella sabía algo de español por lo que no era difícil entendernos. Luego de comer me quedé un rato escribiendo hasta que se armó el karaoke… una tradición típica de Vietnam, les encanta el Karaoke pero no son las típicas bases de las canciones para cantar sobre la pista sino que están reversionadas con un pianito muy simpático. Bizarro, es poco… encima me dice que tiene música argentina y pone la versión en pianito chino de la canción de Valeria Linc, de la novela “La extraña dama”…. muy fuerte! me fui a dormir al ratito, ya había sido mucho por hoy.
Día 28. 25 de enero de 2011… en Halong Bay (segundo día)
La noche en el barco fue agradable. En un momento creí que la iba a pasar mal por el frío ya que no tenía mucho abrigo. Pero la verdad es que la habitación era bastante cálida y la frazada que me tocó en suerte era muy buena (no todos tuvieron la misma suerte, ya que algunos en el barco solo tenían sábanas).
Navegamos toda la mañana por Halong Bay pero no había mucho para hacer en el barco. Estuvimos charlando un rato con la holandesa y Andreas, mi compañero brasilero y desayunamos en el barco. Realmente la diferencia entre la cena, el almuerzo y el desayuno no me queda del todo clara, pero bueno, no es la primera vez que me pasa en el sudeste asiático. El arroz, eso sí, omnipresente.
Con el barco ya en movimiento empezamos a acercarnos a la costa. La navegación era muy tranquila y la verdad, relajante. El paisaje de Halong Bay es muy pintoresco. Las decenas de islas que hay en la Bahía son afloraciones rocosas cubiertas de vegetación que van tomando las formas más extrañas en cada caso. Muy lindo realmente. A eso de las once de la mañana llegamos a la costa y almorzamos en la ciudad de Halong. Rica comida pero igual que el desayuno: arroz, pescado, verdura, algún fruto de mar. El viaje de vuelta se hizo largo (fueron más de tres horas) sobre todo por la incomodidad de la camioneta para dormir y lo insoportable de los israelitas y sus discusiones por las valijas que duraron los dos días. Un verdadero fastidio esos pibes.
Llegamos a Hanoi a la tarde, cera de las cinco. El tránsito en la ciudad, es un verdadero caos. Las motos van y vienen de modo constante y cruzar una calle es toda una osadía. Igual a la cinco de la tarde en cualquier parte del mundo es difícil viajar y acá en Vietnam también salen los chicos del colegio.
Aprovechamos las horas que quedaban de la tarde para hacer algunas compras. Por 70 dólares me compré una campera de Northface muy buena y a muy buen precio. Fuimos con Andreas a comer unas pizzas y luego a dormir porque al otro día temprano, volaríamos (se supone, pero bue…)
Día 29. 26 de enero de 2011… en Hanoi, con ganas de volar, pero no…
Nos levantamos temprano. Andreas estaba en un hotel a la vuelta de mi hostel porque no le gustaba dormir en habitaciones compartidas, yo lo cargaba con que estaba viejo pero bueno, es cierto que a veces los hostels se ponen fastidiosos.
A las seis de la mañana nos tomamos un taxi al aeropuerto de Hanoi que estaba bastante lejos de la ciudad. Por suerte a esa hora no había mucho tráfico. Todo fue bien hasta que llegué al mostrador de Air Asia para hacer el check in al vuelo a Hoi an… no tenía el pasaporte!!!! que manera de putear! me quería matar!!! después de tantos viajes, de tantos aviones, me había olvidado el pasaporte!!! Lo peor que me podía pasar era perder el pasaporte en un país como Vietnam pero por suerte estaba en el Hostel, en la recepción. Resulta que cuando llegamos me lo pidieron para sacar una fotocopia y nunca me lo devolvieron!!! Putié en todos los idiomas y de todos los colores. Perdí el vuelo y me volví al hostel a buscar el pasaporte. Por suerte estaba allí. El viaje de vuelta al hostel se me hizo interminable porque no sabía si lo iba a recuperar. No podía creer que después de tantos viajes me pasara esto!!. En fin, cambié el vuelo para el día siguiente pero luego de una siesta reparadora en hotel terminé cancelando el vuelo y cambiándolo por otro hacia Ho chi Minh. Los tiempos no me daban bien para hacer ambos viajes y preferí llegar a Ho chi Ming con tiempo. El vuelo para cruzar Vietnam de una punta a la otra me costó unos 50 dólares.
Me quedé dando vueltas esa tarde por la ciudad, fue un día sin mucho para hacer. Fui a algunos museos pero aproveché para recuperar un poco de energías. Llamé a casa, lavé ropa. Digamos que fue un día de descanso dentro del viaje. No estuvo bueno perder el vuelo, pero digamos que saqué un saldo positivo de haber pasado un día más en Ho Chi Ming








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