Luang Prabang

Día 21. Martes 18/01/2011 – en Luang Prabang, Laos.

Luang Prabang está ubicado en la sagrada confluencia de dos grandes ríos del sudeste asiático: Nam Kham y Mekong. Es una ciudad que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y su tesoro arquitectónico más preciado está conformado por un conjunto de wats (templos budistas), resplandecientes por su decoración con oro y esmeraldas. Es un lugar ideal para descansar en un viaje que recorre grandes ciudades y también es un punto de encuentro entre viajeros. Aquí la gente anda tranquila, pasea, se olvida del trajín alocado de las ciudades y disfruta de la naturaleza. El que llega, quiere quedarse y se crea un ambiente de comunidad muy lindo. Es una ciudad rodeada de verde, de selva y ríos, que cada tanto ven alterada su calma por la plegaria de los monjes o algún turista intrépido.

Empecé a recorrer la ciudad visitando sus templos, como decía hace algunos días, me estoy haciendo un experto en Budismo ya! Creo que debo tener más de mil fotos de buda.

El wat más espectacular de Luang Prabang es el Wat XIENG THONG, ubicado en uno de los extremos de la ciudad, junto a la confluencia de los ríos. La construcción de este templo data de 1560 y fue sostenido por la familia real durante siglos. Su decoración es fabulosa: en su parte posterior hay un árbol de la vida decorado con piedras preciosas; en su interior, la madera tiene labradas cientos de ruedas del darma y en la capilla funeraria paneles dorados resplandecen con el sol de la tarde las escenas eróticas de Ramayama.

 Una de los lugares más bellos de Luang Prabang es Sisavangvong, una antigua calle repleta de monasterios antiquísimos, donde los monjes transitan cotidianamente y la gente local realiza sus ofrendas cada mañana. Aproveché para pasear por el lugar durante algunas horas para esperar a que llegue el atardecer y subir a un pequeño cerro que se haya justo en el centro de la ciudad, el PHU SI. En su cima (para llegar hay que subir unos 350 escalones) hay un pequeño templo, pero verdaderamente lo más lindo es la vista que se tiene de la ciudad y sobre todo, del atardecer en el río. El sol de a poco fue bajando y los tonos anaranjados del cielo iluminaban de un modo especial las calles de Luang Prabang. La cima del Phu si permite contemplar la belleza de la naturaleza que rodea la región. Desde la cima también, se ven a lo lejos, muy lejos, las primeras montañas de China, como anunciando un próximo viaje. Desde allí saque algunas de las fotos más lindas del viaje cuando el sol se ponía detrás de los cerros. Una chica de holanda se subió a unas rocas y cumplió con una tradición ancestral de liberar un pájaro. Esto traería libertad a un pueblo subyugado a lo largo de la historia por conquistadores de varios rincones de la tierra. El atardecer fue bellísimo. El cielo tomó colores anaranjados  la calma se respiraba en el aire.  Luego el sol desapareció entre las montañas de China.

Bajé del cerro y aproveché para recorrer una gran feria que se arma cada tarde en Luang Prabang. Son decenas de puesto que venden los tradicionales souvenires del sudeste asiático. Me compré unas pinturas de unos monjes. y luego fui a comer al restaurante más caro de la ciudad: el objetivo fue acceder al wi-fi. El wi-fi del hostel nunca funcionó y aquí son pocos los lugares donde se puede acceder.

Tarde, volví caminando con frío al hostel. No había nadie en la calle y a partir de las doce nadie puede transitar por una reglamentación del gobierno. Mejor, respetarla!

Día 22. TAT KUNG SI (las cascadas de Kung Si, en Laos) 19-01-20111

Me desperté temprano para disfrutar de mis últimas horas en Luang Prabang. Desayuné en el centro del pueblo y pasé un rato charlando a unos monjes en el Wat Aham, cercano al hostel.

A las once de la mañana con un grupo de gente del hostel salimos en camioneta hacia las cascadas de Kung Si. Los poco más de treinta kilómetros que separan las cascadas de la ciudad son bellísimos, colmados de cerros y arrozales. Las cascadas de Kung Si se ubican en una pequeña reserva natural que además alberga un refugio para osos asiáticos que están en recuperación por haber sido lastimados por trampas de cazadores. Al ingresar al predio de las cascadas, primero se llega a unos piletones naturales y luego, poco a poco, el agua va tomando mayor caudal y se llega una gran cascada, con una caída de unos cincuenta metros. El entorno natural del lugar es bellísimo. Luego de disfrutar un rato de la gran cascada, fuimos para otro sector de la reserva donde es posible bañarse. La zambullida en esa agua cristalina va a ser uno de los momentos memorables de este viaje. Aunque claro, el agua estaba bastante fría por lo que no nos quedamos mucho tiempo.

A la vuelta a la ciudad, fui a la terminal de autobuses para tomar un ómnibus a Van Vieng, otra pequeña ciudad de Laos, un poco más al sur. El viaje en el micro local durante unas 4 horas creo que será inolvidable. El zigzagueo constante del camino de ripio, los camiones que pasaban al filo, y las constantes paradas para ascenso o descenso de pasajeros han hecho de este viaje algo interminable. Pero valió la pena. El paisaje que rodea al pequeño poblado de Vang Vieng es magnífico.

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